jueves, 12 de abril de 2007

RIMBAUD: EL VERTIGO DE MIRAR


“La inflexión eterna de los momentos y el infinito de las matemáticas me impulsan por este mundo...” Poeta de la inmensidad, leer a Rimbaud es expandir el cuerpo. Su escala es sideral. Adjetivando magnitudes grandiosas, desafía la mirada y la arroja al vértigo.
“Conocido bastante. Los altos de la vida. ¡Oh rumores y visiones!. Partida hacia el afecto y el ruido nuevos” El vidente anuncia y sostiene su poesía en la proximidad de lo desconocido. Esta inminencia dota al ser de una tensión abierta: la metafísica en su máxima lucidez.
Rimbaud nos trae la guerra “de derecho o de fuerza, de lógica imprevista”. La guerra del Instante, la libre simultaneidad de un tiempo vertical (Bachelard) se alza contra la palabra encadenada. Hace herida.
“Tendiendo cuerdas de campanario a campanario” el poeta eleva su canto desenfrenado y baila. Invoca la pasión y su videncia: “La música sabia, falta a nuestro deseo”.

Liliana Piñeiro.

3 comentarios:

sibila dijo...

dice lessing (del sturm und drang): «el ingenioso solo alcanza a imitar. el genio crea.
no a todo se puede llamar poema».
la tensión poética en rimbaud llevada a su máxima expresión.
lo demás es solo una preceptiva absurda.

Meridiana dijo...

Acuerdo con Ud., Sibila.La poesía se trata de pasiones, no de malabares.
Liliana.

Meridiana dijo...

De todo un poco, Mucha Pasion, pero hace falta ser habil para no dejarse tentar por los sonidos del abismo
Vanesa