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viernes, 1 de enero de 2010

Cine 2010



A propósito del estreno en Buenos Aires de Rosetta, la película de Jean-Pierre y Luc Dardenne, que recomiendo especialmente y cuyo comentario se puede leer aquí, una buena manera de comenzar el 2010 es con excelente cine. A continuación, una breve reseña del film que el cineasta taiwanés Tsai Ming-liang exhibiera en el DocBsAs/09 (si lo pueden conseguir este año...no se lo pierdan!):



Madame Butterfly*



¿Cuánto tiempo lleva la dolorosa comprobación del desamor? Ésta parece ser la pregunta que sostiene a Madame Butterfly, el mediometraje que Tsai Ming-liang filmara en homenaje a la famosa ópera de Puccini. No es casual el escenario elegido: se trata de un “no lugar”, la estación de ómnibus de Kuala Lumpur, donde la transitoriedad de los vínculos acentúa la soledad. “Mi novio vendrá a buscarme”, afirma Madame en medio de la multitud, rechazando toda ayuda para regresar a su casa. Desde esa certeza, máximo pico de expectativa amorosa, se desencadena la desilusión.

Y el tiempo no es variable menor. Los minutos van esculpiendo los rasgos en el rostro de la Dama Mariposa y sólo hay que dejarlos transcurrir, hasta que la obra de la desolación esté consumada.

Del abigarrado espacio de la estación se pasa a la intimidad de una cama. Otros son los signos de la ausencia: una poética de los rastros se desliza en la pantalla. La escena queda definida desde el amante que falta, faro invisible de significación. El silencio es el único sonido del abandono, mientras la mano crispada revela la impotencia del cuerpo. El sueño pierde su batalla y los ojos se abren al recuerdo, de triste persistencia.

Nada más (y nada menos). Hay que verla. Breve, conciso lirismo para un imposible olvido.



Liliana Piñeiro.








*Publicado en el blog La Otra

sábado, 25 de julio de 2009

Cine: Rosetta *


Si el afecto tiene movimiento, la desesperación es veloz. Y a esa velocidad corre Rosetta, la protagonista adolescente de la película que los realizadores belgas Jean Pierre y Luc Dardenne filmaron en 1999 y con la cual ganaron su primer Palma de Oro en el Festival de Cannes.

Consustanciadas cámara y protagonista, la urgencia tiñe la huída. ¿De qué se huye? De la miseria y el hambre, del horror de una madre alcohólica que desampara y cuyo peso agobia los jóvenes brazos. Ausente de la mirada primordial, Rosetta se desdobla: dibuja su identidad con la propia palabra, tratando de hacer pie. La adolescente es empujada a buscar algo: un trabajo, algún tipo de reconocimiento que la salve de la desintegración. Pero no hay adónde ir, y si lo hay, ella todavía no aprendió a descubrirlo. Hace propia la hostilidad del mundo y sólo le queda arrancar a la vida lo que ésta no da. Y rápido, bien rápido.

La película logra el tono pulsátil de la necesidad: ésa es su carrera. El anclaje de la relación con un otro resulta precario: no se lo deja morir, pero se desea su desaparición, y en este deseo mortífero queda comprometida la propia existencia. Sobrevivir se juega en un límite impreciso, donde cabe la traición...¿cabrá el arrepentimiento?

Pero la condición humana no carece de horizonte y el final llega en el momento justo en el que éste se perfila. Rosetta detiene sus ojos desesperados en otra mirada: algo se aquieta, por fin, y la cámara se apaga para sostener ese momento.



Liliana Piñeiro


* Publicado en el blog La Otra