
Cuando la noche llega temprano, Leonor cuelga su enagua de un clavo en la pared.
Y ella dijo: no te daré mi muerte…
Prueba el borde amargo de la copa. Y si el otoño se oculta bajo los lunares del pecho, ella hilvana el ruedo de su pollera, y degusta el sabor de la herida sólo para escribirla.
Sólo un verso hay en mí
un ciervo que huye, herido por los muertos
Y ella supo: hay pecados benditos.
Desbaratando la solidez de las palabras, la ley de gravedad es superflua y el corazón se desliza hacia las piernas. Pero en la mesa familiar el padre no tenía silla, y ella fue quitada del paisaje, derrotada. Descalza oscureció su frente: lo que se mira también hace un destino.
el desierto sería un paisaje más suntuoso.
El abandono no tiene declives,
ni chacales de hocico espumoso que olfatean las sienes
perforadas. El abandono sólo me tiene a mí
Porosa, opaca, lisa y áspera, Leonor adquiere la cualidad de los materiales para disolverse en ellos de puro cansancio. Se disgrega sin inocencia en el mundo, para doblegar toda la fatalidad del universo, haciendo suyo el magnífico verso de René Char que elige como epígrafe de su último libro.
Apenas la morbidez de un chal, una poesía de encaje oscuro para abrigarse. Esta materia de la deformidad no quiere gestos, porque hay que resguardarse húmeda entre los musgos del jardín:
Sospechar
bajo los árboles.
Liliana Piñeiro.
Publicó los libros de poesía "Mudanzas" (1974), "Negras ropas de mujer" (1987), "La enagua cuelga de un clavo en la pared" (1994), "Tangos del orfelinato/Tangos del asesinato" (1999) y "El cansancio de los materiales" en el 2001, del que llegó a ver los primeros ejemplares dos semanas antes de morir, el 30 de marzo del 2001.
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