lunes, 18 de junio de 2007

EL OTRO LADO DEL ESPEJO



Fuera Sal
con esa tristeza que abruma
Entierra el dolor

Confínala a prisión en el cosmos
durmiendo todos los cielos

Derrumba las murallas donde los Dioses
descansan y olvidan

Ve
entrega toda tu piel
Desnúdate

Desconecta la fragilidad que ennegrece tus delirios

Entibia la cama con el agua que tu cuerpo chorrea

Deshazte del control de tu visceral vehemencia

Desdobla
Huye

Duerme sola con el frío

Enmudece para siempre y en la quietud
recuéstate con el recuerdo de los muertos
que quieren despedirse



Vanesa Aldunate

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Vanesa, su poema resulta perturbador en extremo, ese deseo de dormir para siempre...
pero acaso no hemos tenido (no tenemos) todos ese impulso de
acompañar a "nuestros" muertos?


El Levitador

(j.g.) dijo...

hoy pienso vanesa que hay que dejar partir a nuestros muertos, tanto por ellos como por nosotros. internalizo con amor las vivencias de mi padre para disfutarlas, para conservarlas, pero también para ir más allá. gracias por su poema.
le obsequio un fragmento de uno mío:
"por esta noche/solo por esta noche/cierra con dulzura los ojos de mis muertos"

Meridiana dijo...

levitador, sé que perturba e inquieta. Y sí el deseo de acompañarlos es por no poder dejarlos ir.
Igualmente intuyo que Usted tiene guardada alguna formula para acompañarlos. Creo que hay algo diferente en su forma de ver la muerte... me equivoco???
Vanesa

Meridiana dijo...

Javier, sus palabras siempre son una porción de luz en la espesura.
Sus palabras no solo son poéticas sino que (aunque parezca cursi o tonto) son pequeños rescates a momentos difíciles.
Es una buena forma de enfrentar cada noche, cuando ellos se acercan y parecen llamar.
Muchísimas gracias!!!
Son Bellas palabras
Vanesa

Anónimo dijo...

Disculpe mi tardanza Vanesa, recién hoy me he puesto al día
con su Blog.
Mire, yo soy una persona de apostar mucho a la vida, creo que nuestros muertos acompañan sí,
pero me gusta verlos desde la posición que tenían por ej, los romanos con sus dioses lares.
Algo así como custodias de nuestro bienestar, como ángeles tutelares.


El Levitador