domingo, 22 de abril de 2007

SECRETOS EN LA PLAZA VACÍA


I


El lugar estremecido por la partida del carcelero. Inquietas joyas
de horas aguardando lo que no vendrá. En rituales de asombro
ante lo develado cuando el hada jaspea y agoniza .
Por esperarla me he perdido y en ese bosque de silencio las
ramas se quiebran a mis pasos, sordas. Nada regresará,
forma de esa hoja que cae sobre el piso mojado. Pues es soplo de
la nada que ríe en la tiniebla y la cubre amorosa para darle aún
mas oscuridad. No regales tu sonrisa al quejido del río que ha
pasado, turbias olas deshaciendo la orilla que no puedes retener.
Como aquella prisionera que incendió su celda y a ella misma
en sucio estandarte de rebeldía.



II

Las niñas se cuecen en los jugos dorados de sus piernas, de sus
brazos, de sus vientres. Amplían el hambre de robustas muñecas
en los jardines del secreto.
Las verás danzar bajo el sol del mediodía en bruscos giros de
avispas derrotando al miedo. Como los muros de madreselvas
esparcirán el aroma de sus vaginas al aire mismo de la tarde.
Y en el rincón donde lo visible es mas invisible, aguardará
machete en mano el asesino, triste hombre de remedos, luciendo
su mejor sonrisa para asestar el corte.

Lilián Cámera

Foto:" Una luz en la oscuridad" de Leandro Quintero

5 comentarios:

sibila dijo...

tenías puesto el vestido de fiesta
y te llevaron a dormir sin sueños...
así dije. así dice usted, lilián.
cómo desprenderse del quejido. cómo liberar el pasado.

Meridiana dijo...

el vestido de fiesta de una señora triste Sibila... esta ambiguedad (y ya que hablamos de huesos, de restos)esqueleto de la palabra.

Lilián

hanna dijo...

Esperas vanas, rebeldías incendiarias...
Su texto,Lilián, hace visible el erotismo y su violencia. Se interrumpe justo allí donde la inminencia lo hace más extremo.
Una bella inquietud.

Meridiana dijo...

Hanna, tal cual, no se puede otra cosa, que llegar hasta allí.
Lo inevitable tiene esa convulsión de belleza.

Gracias
Lilián

Adara dijo...

La belleza convulsiona la visible e implota, convirtiendo nuestro cuerpo en el vasto cementerio que a Usted tanto le gusta, Lilián.
Adara