
Rostros de América (Oswaldo Guayasamín 1997-1999)*
La pintura de Guayasamín es audible. Arrancada, la cara se abre en dos.
De un lado, la piel tiene el color de la tierra y es apenas el rastro de una estirpe gloriosa.
Del otro, lo que permanece en la noche colonial: cautivo hasta el llanto, el ojo desorbita; la boca resulta interminable.
Cada siglo tiene su eco, y en el pozo está el sonido de la desesperación.
Liliana Piñeiro.
* Publicado en el blog La Otra
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