
Cuando vieron muerto a Patroclo,
que era tan viril, y fuerte, y joven,
los caballos de Aquiles comenzaron a llorar:
su naturaleza inmortal se indignó
al contemplar esa obra de la muerte.
Sacudían sus cabezas y agitaban sus largas crines,
golpeaban la tierra con los cascos, y lloraban
viendo a Patroclo exánime –aniquilado-
ahora una carne abyecta –su espíritu desvanecido-
indefenso –sin aliento-
devuelto desde la vida a la gran Nada.
Vio Zeus las lágrimas de los caballos
inmortales y se entristeció. “En las bodas de Peleo
-dijo- no debí cometer tal desatino;
¡mejor hubiera sido no haberos entregado, desdichados
caballos míos! Que podíais hacer allá abajo,
entre la mísera humanidad juguete del destino.
A vosotros, exentos de muerte y vejez,
os atormentan efímeras desgracias. En sus aflicciones
os han enredado los hombres.” –Pero
los nobles animales seguían llorando
por la calamidad eterna de la muerte.
C.Kavafis (ver biografía)
que era tan viril, y fuerte, y joven,
los caballos de Aquiles comenzaron a llorar:
su naturaleza inmortal se indignó
al contemplar esa obra de la muerte.
Sacudían sus cabezas y agitaban sus largas crines,
golpeaban la tierra con los cascos, y lloraban
viendo a Patroclo exánime –aniquilado-
ahora una carne abyecta –su espíritu desvanecido-
indefenso –sin aliento-
devuelto desde la vida a la gran Nada.
Vio Zeus las lágrimas de los caballos
inmortales y se entristeció. “En las bodas de Peleo
-dijo- no debí cometer tal desatino;
¡mejor hubiera sido no haberos entregado, desdichados
caballos míos! Que podíais hacer allá abajo,
entre la mísera humanidad juguete del destino.
A vosotros, exentos de muerte y vejez,
os atormentan efímeras desgracias. En sus aflicciones
os han enredado los hombres.” –Pero
los nobles animales seguían llorando
por la calamidad eterna de la muerte.
C.Kavafis (ver biografía)
Patroclo
Cuando Aquiles se retiró del campo de batalla, enfadado con Agamenón, al único que aceptaba a su lado era a su amigo Patroclo. Como la lucha se estaba tornando difícil, Patroclo le rogó que depusiera su actitud y volviera a pelear. Con sólo ver su armadura los troyanos se llenarían de temor. Si bien Aquiles no se dejó convencer, sí permitió que Patroclo vistiese su armadura, para que los troyanos creyeran que enfrentaban a Aquiles.
Con la armadura de Aquiles, Patroclo lanzó su carro contra los troyanos, quienes al verlo huyeron a toda velocidad para refugiarse tras las murallas de la ciudad. Sin embargo, al llegar a las puertas de la ciudad, Héctor detuvo el carro y enfrentó a Patroclo. Héctor mató con su lanza a Patroclo y llevó la armadura de Aquiles a Troya.
Homero relata el imponente funeral de Patroclo, quien fue incinerado en una hoguera colosal junto a sus caballos y sus perros.
Con la armadura de Aquiles, Patroclo lanzó su carro contra los troyanos, quienes al verlo huyeron a toda velocidad para refugiarse tras las murallas de la ciudad. Sin embargo, al llegar a las puertas de la ciudad, Héctor detuvo el carro y enfrentó a Patroclo. Héctor mató con su lanza a Patroclo y llevó la armadura de Aquiles a Troya.
Homero relata el imponente funeral de Patroclo, quien fue incinerado en una hoguera colosal junto a sus caballos y sus perros.
Vanesa Aldunate