
Ah, Dionisios! Has abierto en mi pecho un espacio, y soplan vientos divinos...!
Bendíceme. Dame carne rosada para mi paladar, anuda tu cabello al cuello de mis hijos.
En la noche crece la luna y mi cuerpo es la única guía. Echo espuma por la boca mientras expulso mi corazón.
Empújame. No dejes mi pie sin el arco de tu salto. El cielo ha cambiado de lugar y es irresistible este abismo vertiginoso.
Canto y bailo la danza de Sémele. Atrás ha quedado la inocencia virginal, la serena mirada de madre. Mi desnudez es sinuosa como una serpiente y mi cría es de lobo: a dentelladas ocupará su lugar en el mundo.
De la tierra brotada, la vid y sus racimos son ofrenda. La sed urgente embriaga del vino primero.
Hermoso dios: dame tu máscara y tu cuchillo, la matanza será sagrada. Tendrás mi sangre en tu copa, mi fruto en tu bandeja.
Dones de tu cortejo: jubilosa, yo soy una, y soy todas.
A la mañana siguiente ...
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Liliana Piñeiro.