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miércoles, 3 de octubre de 2007

CALIGRAFIA EN LA ARENA DEL TEMPLO


Así permanecimos despiertos en lo más alto de la noche del ser.
Un arbusto se quebró.
Ruptura secreta, ¿con qué pájaro de sangre circulabas por
nuestras tinieblas?

Yves Bonnefoy
(Del movimiento y la inmovilidad de Douve)


Pocas veces he tenido tanta dificultad al hacer una selección de
textos como en los poemas que hoy nos obsequia Patricia Damiano.
Obstáculo que comienza al dejarse ir por estos pasajes que asumen una belleza y una perfección difíciles de encontrar en la poesía actual. Dudas al sentir que debiera incluirlos a todos.
Pero, ¿Qué convocan las imágenes de sus poemas? Por lo pronto nos dejan al descubierto en una playa donde arrecia una tormenta de otros tiempos, el tiempo donde se escuchan sigilosos los pasos de los Dioses idos, exiliados a un paisaje de un jardín anhelado y distante.
En esas huellas se inscribe la palabra de esta poeta, pulsando por ese momento donde los héroes de antaño, reflejaban el temblor de un ánima capaz de revelar un mundo de exquisita sensibilidad.
Si el bosque guarda como símbolo lo oculto, en los rostros de las criaturas que acechan, si la playa esgrime un contexto desértico donde el agua es la sed nunca saciada, estos textos nos sumergen en el sueño, en la entropía de otro lugar más allá del lugar, o en esas lindes de las lindes como diría Vallejo.
Grafía de un pulsar en los límites, emanan una carnadura vibrátil, pasta de esa sustancia donde las preguntas devienen en desvío y el desvío en una nueva posibilidad de rescatar las voces del rayo. Descienden volátiles sobre la hierba, apresando un instante de desasosiego, el que deja la huella del león, de la hiena, sobre la estepa que es ya recuerdo.
Acomodados tras el devenir de sus pies, a veces destrozados por los escombros, a veces leves en la tibieza de un amanecer prometido, nos queda apresar la policromía de su canto, intentando siempre intentando acomodar el latido a la garra, el grito al sueño de un nueva noche.
Lilián Cámera

La especie


Bajo apercibimiento de morir decapitado, convócame. Todo es atroz en el mundo de los insectos.

Vuelve al criterio único: salvar la especie.

El poema es eso, sobrevivir a toda costa. Somos el peor de los infiernos y decimos ser dichosos si el sol se alza, ineludible. Mira la lapicera deslizándose sobre el papel, ella es sierpe y perjura en la nieve.

Una noche barroca, las rodillas sobre el suelo, la inquietud de algunas danzas.

Ve por el borde hasta reconocerme. Allí me tuerzo, como una alimaña, en el estupor.

Sólo el candor te destruye al nacer, larva y placenta y túnica. Un secreto en ciernes.

Todo podría ser mentira.




El agua


Dentro de mí, herido. Ella dijo la primera palabra y fue partera e incinerante, las cenizas que espero. Vuelve al recuerdo con ojos ulcerados: vuelve. Cada vez.

Ay de mí, se apiada Segismundo. Oh, pérfido, serás clausura. Los cerrojos temblarán en tu lengua. Cadenas de oro en el tobillo y una túnica como mortaja. Levanta el duelo, pronuncia el árbol que adivinamos y la rosa en el agua. El agua.

El agua

El agua sólo la mano sólo la pérdida sólo el lienzo. El cuarto a oscuras, la sílaba de una sinfonía perfecta. Escondíamos la daga como una clave siniestra y entonces el agua otra vez.

El guijarro.

Abre la mano, un guijarro he dejado por la noche y uno por el precipicio. La mano se abre a esos dones y amanece. Regrésame la vía láctea antes de que todo sea resurrección migaja.

El río o Parménides, decías aquella madrugada, y no, no hubo error.




Gothic


Esta noche el viento ha de aterir nuestra ventana. Diles que escriban el viento en la mansión oscura. Que convoquen la palabrasilenciotajo. Diles que beberán en exceso de la copa de jengibre. Se batirán con dios si dios accede.

Y luego el sueño y el cuchillo y el borde de las historias.

Cede a mi deseo; sobre la mesa habrá papel blanco y tinta y un cuenco vacío. Los que escriben están escuchando el miedo vegetal, esta muda criatura por nacer, esta medianoche.

Y serás agonía, y el cántaro.

Ellos permitirán que el amanecer se demore.

Ve, convócalos para mí.

Pactaremos.

Byron herirá la calma con sus ojos de hermano solo. Te tenderá la pluma y le dirás que sí. No serás Shelley esta noche ni el ángel ni la clave que todos buscan. Vendrás y te irás como la espuma. En las escaleras, el mármol guardará tu sombría pena descendiendo. El monstruo se está gestando con otro nombre.

Acaso pide a gritos lo nombremos.

Diles que esta noche el viento es más que una espada.



Patricia Damiano
“de Chacal de Noche”



(Ver selección de poemas)
Textos completos en Zoopat